Territorios Literarios


¡¡¡¡¡WAJAJAJJAAAJIJJAJAJJE JEJEJJWAKAKAKJAJJ!!!!

A este mundo le falta un poco de risa.
Me  río a mansalva como un enajenado mental, como un esquizofrénico tratando de entender la realidad…Reír sin compasión, a mansalva, con alevosía y premeditación, espontáneamente, como una cascada de risas que rompe el cascarón metálico de tu gravedad, y  reír y reír hasta que los músculos del rostro se partan en dos o en tres   , reír hasta el infinito hasta chocar contra las estrellas y caer fulminado…
La risa no tiene límites, ni territorios, ni razas, ni credos, ni estratos sociales, ni tiempo. .. En su risa, el súbdito  , el pobre deja de serlo. Se trata, por ello, de una amenaza a la paz, una afrenta a las leyes de la naturaleza. Quien ríe vulnera las jerarquías, destrona al poderoso, socava la  estupidez, y lo coloca, con el pastel en la cara, en el fango del ridículo. Por eso la risa es una victoria de la incivilidad. Brotando de la barriga del orgullo, se proyecta por la boca para declarar hostilidades y desconocer rangos Te podrán quitar todo: tu honor, tu familia, tu  país, tus derechos, pero  menos la risa. Menos reírte antes del pelotón de fusilamiento, antes de ser colgado, antes de morir  por inyección letal… Es el último desprecio, es la última victoria, es la vida por sobre la muerte. Incluso después de muerto, todavía la puedes conservar.: después de muertos reímos ante nuestros verdugos.
Al reírse, el individuo se glorifica: la risa es una gloria súbita que inflama al hombre con una sensación de superioridad. Mientras los médicos, ya en  el siglo  XVII, resaltaban las cualidades terapéuticas de la carcajada, los humanistas tendían a resaltar su capacidad destructiva. Veían una grosería en la ruidosa matraca bucal; un insulto en la ostentación de dientes, bullas y babas. La risa solía ser vista como una ofensa, un arma ilegítima en la esgrima de cualquier debate.
Es que la risa implica un análisis de las paradojas, de los conflictos sin sentido que curten este mundo: sus hipocresías, sus caprichos, sus inconsistencias inevitablemente ridículas. Identificar las vértebras flageladas e inermes  de esta realidad  es adelantar el primer juicio, el primer veredicto individual. Separarse sin  razonamientos ni cálculos exactos  del dictamen soberano  y también de lo común de las masas… y afirmar, a carcajada batiente, la razón individual. Más aún: la risa es un resorte indócil. Evade cualquier previsión pues siempre es producto repentino, súbito. No puede programarse, no puede  agendarse una risa para las 4:30 de la tarde o para  reír cinco veces en  una conversación  a un intervalo de 5 minutos cada carcajada.
Del mismo  modo   que los dictadores son  incapaces de   obligar a alguien a  que se mutile o se suicide  o se dañe, del mismo modo son incapaces de  pedirte  que sonrías  o proscribir el reflejo de la risa. De este modo, la risa aparece como el refugio de lo ingobernable, de la libertad; de la rebeldía ante el poder, la razón y la lógica más  estricta.
De ahí que la carcajada no sea solamente una expresión de mal gusto que denota arrogancia, falta de discreción, sino una seria amenaza a la paz. A la paz de la mediocridad, de la oscuridad de la seriedad más grotesca. Ese dios mortal puede ser convertido en el payaso de las bofetadas.  Con  una carcajada podemos, exponer todos los asuntos colectivos al fuego de lo ridiculizadle; al amago de lo risible. Todo lo estrictamente cuestionable puede desembocar en una carcajada lapidaria. Cuando se extienden zonas vedadas a ese examen de la risa, el mundo queda encantado, sumergido en el discurso mágico de lo incuestionalidad.
La insolencia, la irreverencia , el sarcasmo, la ironía que  hace parir una risa  cuestiona las costumbres, socava las bases de la estética, corroe la seriedad  metálica de la gravedad mental , remece la burguesía ,  rompe lo que es habitual, se burla de aquello que es tenido como respetado,  objeto de idolatría  y los irrisorios cimientos  que sustentan  la religiosidad. Por eso las monjas y sacerdotes le temen tanto  al insolente  grito de la carcajada: ahí está el desafío primario al poder y lo sagrado.
También es portadora de la inocencia, de la descontaminación espiritual…la carcajada limpia, a todo grito es propia de los niños, de los jóvenes que aún no han sido contaminados con el virus letal de la seriedad  de las personas mayores. Con el virus de la hipocresía, de la manipulación, del orgullo, de la maldad irracional, de la mentira despiadada… ¿Has visto que mientras más viejo, menos  sonríes? Te tornas más grave, más taciturno, más cuidadoso, más racional. Todos estos elementos, y muchos más, atrapan la risa en un sarcófago de solemne decadencia y mortandad.
Y ahora vamos a reír. Y  vamos  a reírnos de los tontos graves, de los estúpidos, de los que con su sequedad nocturna intentan ahogar nuestra risa. Riámonos de nuestros hermanos, padres, profesores, parejas  y, sobre todo, de nosotros mismos. Riámonos de nuestra risa.  Aquella persona que no se ríe de sí mismo, no puede reírse de los demás. Está destinado a ser un fracasado  de primer orden Riamos hasta que  el corazón se reviente de alegría, hasta que nuestras tripas queden  tiradas sobre la escarcha,  hasta que caigan lágrimas de sol y el  cielo se nuble de carcajadas.
Que  rían los demonios y los ángeles, que ría Dios, si no se ha suicidado todavía, que  se derrita el cielo riendo. Para que al final- en una gran cofradía de hermanos,  en un gran  delirio apoteósico y carnavalesco, en una orgía de risas mutantes – seamos más puros , más nobles, más humanos…
(  Tarabuco  )




Palabras y Miradas

en-una-mirada
Hay muchas y diferentes miradas. La mirada que enciende, la que pregunta, la que murmura, la directa como flecha, la de la esquinita del ojo o de coselete , la intermitente y seductora, la acariciadora, la metódica y observadora, la persistente e insistidora, la provocativa, la voladora, la que se posa en los ángulos superiores buscando respuestas e ideas, las clásicas “que no dicen nada”, las del guiño fácil, las atropelladas, las chiquititas, las que buscan el suelo, la del desafío, la asombrada, la perturbada, la defensiva, la controlada y la distraída.
Miro hondo, sin ver pero percibiendo, captando, desenvolviendo ideas y atando cabos y conceptos. Miro hilvanando espacios y torciendo todos los cables lineales de las certezas. Miro atravesando las insistencias y llegando al fondo de los ojos del otro, aún sin mirarlo.
Mi mirada es espía, es señera, es dúctil, dócil, pausada y se enseñorea en no decir nada, estableciendo equilibrios y fronteras. Mi mirada es una lanza , un estoque , una daga  que cala en lo más hondo de tu ser y allí se queda como un animal enceguecido por devorar tus secretos. Como una sanguijuela herida , navegando por los ríos más recónditos de tus venas que albergan los cuartos más oscuros, más alejados, más turbios de tu alma
Si clavo mis ojos en tu figura… desnudo, transgredo, enfrento, atropello, arremeto, sacudo e interfiero. Calo hondo , veo lo que tú no ves, reconozco lo que tú no conoces, construyo lo que tú no puedes hacer.
Miro hondo.
Miro hondo, pues lo hondo está en el deseo de mirar y si me miras te diré que eres la proyección de mi mirada
Y junto a mi mirada está mi palabra.
Mi palabra es un murmullo. También muerde, golpea, maldice, bendice, martillea, se pregunta, baja el tono, lo eleva, grita, narra, afirma, informa, adjetiva, piensa, describe ,ama, ignora, ilumina, confirma, niega, inhibe, tiembla, sufre, goza, señala, exclama…


Pero jamás humilla, ni descalifica, ni agrede. Mi palabra no nació para herir corazones, ni para machacar almas. Mi palabra nació para elevar , para volar , para imaginar, para soñar. No para amedrentar. Los cobardes , los ignorantes , los hombres-bestias usan las palabras para atacar , para amenazar, para herir. Estos seudo-humanos usan la palabra ratera , impía, cobarde como su principal arma para agredir. Las personas que las usan no tienen en sus corazones nada más que desdicha, soledad Y  vulgaridad.


Mi voz y mi mirada están contigo . No desperdicies el tiempo en palabras y miradas venenosas, depredadoras de lo puro , de lo bueno, de la bello que nos da esta vida.
                                          Iván Pizarro ( Tarabuco)




Seguro que la pasaremos bien

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Ella estaba de pie en la esquina como siempre. ¿ Me prestas fuego?- le dijo  el hombre con voz amable. Ella le pasó el  cigarrillo ,  sin siquiera mirarlo .” Hace frío , te invito un trago, seguro la pasaremos bien” , le dijo al mismo tiempo que prendía el cigarro. Ella asintió y se dejó arrastrar en la penumbras de la noche, como una hoja en un temporal. Entraron a un bar de mala muerte, unas copas de vino primero  para rematar en jarrones de cerveza. El ambiente se relaja ,el alcohol  distorsiona la noche : abrazos- besos-caricias…, las risotadas suenan como golpes metálicos sobre las mesas. “¿ Vamos a mi casa? “le pregunta el hombre, “ Como tu quieras, cariño“ , le responde  ella. Comenzó a llover.
En el camino. cantaron y bailaron bajo la lluvia, aullaban como lobos , como si algún acontecimiento apocalíptico fuera a ocurrir, un hecho del cual estaban ansiosos y esperaban con ahínco. Llegaron al cuarto. Los besos fueron tatuajes hechos a fuego, se olían como dos animales salvajes , se acariciaban  dejando surcos en sus pieles. “Eres muy hermosa, pero lo siento amor , soy antropófago ”, le dijo él, mientras le arrancaba parte de  la oreja de un  mordisco. Ella no gritó, al contrario , se quedó absorta , mirando un destello de luz que penetraba en el cuarto. “ No te preocupes, yo también lo soy , mira mi brazo “ , le dijo amablemente. Con asombro e incredulidad el hombre  gritó :“  Maldición, no puede ser, maldita , perra “. En  el brazo de la mujer , había un tatuaje de un cíclope con tres colmillos. Él tenía el mismo tatuaje , pero solo con uno. Los de tres colmillos  eran antropófagos letales, eran los intocables, nadie los podía vencer. Esa sí  que era una maldita suerte. La feroz dentellada fue directa a la yugular y el cuerpo del hombre   se desvaneció en la oscuridad del cuarto.”Seguro que la pasaremos bien”, señaló la mujer  mientras comenzaba a  devorar el corazón y miraba el destello que penetraba por la rendija de la ventana.
TARABUCO